La historia del cómic franco-belga, y la de todo el cómic europeo, no puede entenderse sin mencionar a Spirou y Fantasio, los protagonistas de una serie que tiene más de 70 años de historia. Spirou fue creado en 1938 por Rob-Vel, y su nombre procede de la palabra valona que significa “ardilla” o, metafóricamente, “niño avispado”. Trabaja en el hotel Moustic y siempre viste con su uniforme rojo de botones. Pero ¿cómo empezó todo?
A diferencia de otros personajes, que pertenecen a su autor, Spirou pertenece a la editorial que lo publica, y por este motivo han sido varios los autores que lo han dibujado a lo largo del tiempo, aportando cada uno su particular punto de vista. Empezando por Joseph Gillain (Jijé), en 1943, y siguiendo por André Franquin, que produjo 20 tomos de Spirou y Fantasio entre 1946 y 1968, los cuales ya forman parte de la historia del cómic europeo. Más tarde, nombres como Jean-Claude Fournier, Tome y Janry o Morvan y Munuera han continuado la obra. En enero de 2006, se inició una serie llamada Une Aventure de Spirou et Fantasio par ... (Una aventura de Spirou y Fantasio por...). Consiste en una colección de álbumes especiales, que se alternan con la serie regular sin alterarla, donde un autor tiene la oportunidad de crear una historia autoconclusiva para estos míticos personajes. El cómic de Bravo es el cuarto de esta serie, y llega después de las aportaciones de Yoann y Vehlmann, Frank Le Gall y Tarrin y Yann.
Émile Bravo reinventa este clásico de una forma magistral. El autor francés nos propone un viaje al origen del personaje, a 1939, a una Bruselas en la que se palpa la cercanía de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la política es un tema que inunda las páginas del cómic, a diferencia de lo que ocurre con la serie original, y así Spirou se encuentra en medio de discusiones acerca de nazis y comunistas, de la inminente invasión de Polonia… En la historia de Bravo también conocemos a Spip, la mascota de Spirou, una ardilla cuyos mordaces pensamientos podemos leer y que incluso se meterá dentro del hotel, dando pie a situaciones hilarantes. Asimismo, vemos cómo el botones se relaciona con una camarera del hotel, de la que no sabe ni su nombre, y cómo conoce a Fantasio, el que luego será su inseparable amigo, que en las primeras páginas de este Las aventuras de Spirou y Fantasio por Bravo: Diario de un ingenuo es un periodista entrometido en busca de chismes sobre las celebridades que se alojan en el hotel. Un personaje creado por Jijé en 1944 y que Bravo reintroduce aquí, en este nuevo principio salido de su imaginación.
Bravo ha recibido varios premios por esta obra y ha llegado a insinuar la posibilidad de una segunda parte, que esperaremos ansiosamente. De momento, podemos disfrutar con este Las aventuras de Spirou y Fantasio por Bravo: Diario de un ingenuo, una joya para los seguidores habituales y una ocasión inmejorable para quienes aún no conozcan al personaje, ya que supone una revisitación de sus orígenes y un regreso a sus valores más clásicos, a la ingenuidad que siempre lo ha caracterizado. Toda una oportunidad, además, de sentir que realmente tenemos entre las manos un cómic de los años 40.
Merche Bermúdez