29 JULIO 2010

21/09/2009
Spectrum: el arte para videojuegos de Azpiri

Somos nuestros recuerdos, somos las imágenes con las que convivimos en tiempos pasados. Pero esas imágenes han sido desterradas por otras nuevas y, de alguna manera, eso nos provoca el vértigo de perder aquellos momentos que con tanta intensidad forman parte de nuestras vidas.

En los años 80, miles de jóvenes vivieron impensables aventuras y arriesgados retos provocados por el cine y el recién llegado “videojuego”. El cine se nutrió de un elenco increíble de grandes autores de cartelería que, aún hoy, se venden como reliquias de arte en tiendas especializadas. Pero en el videojuego español de los 80, un solo autor despunta de forma indiscutible, tanto por lo prolijo de su producción como por la impactante naturaleza de sus ilustraciones. Alfonso Azpiri acaparó la producción y el  estilo marcado de la mayoría de carátulas de aquella época. Hablar de portadistas de  carátulas y publicidad en este género era hablar de Alfonso Azpiri. Cambió el panorama de cómo ver un videojuego, y fue la firma incuestionable de toda la producción de videojuegos de la llamada década dorada del software español.

En aquella época los videojuegos españoles competían en igualdad de condiciones con el producto internacional, pero en cuanto a reclamo de los productos en las estanterías, la edición española contaba con un atractivo y un carisma, reflejo de sus carátulas, que en la mayoría de los casos superaba con creces a sus competidores extranjeros. Los que jugábamos disfrutábamos de una inabarcable serie de juegos, y todos ellos precedidos de una imagen creada por Alfonso

Sus carátulas aglomeran tanto el valor estético como el de referente de una época muy influyente del software de entretenimiento. Hay que entender que el joven, y el no tan joven, que jugó a los juegos que Azpiri ilustró con gran maestría es el que actualmente lidera el peso de la sociedad española.

Un estilo compuesto por un colorido desbordante, perspectivas imposibles y un dinamismo impropio de una ilustración al uso. Cuando un jugador se encaprichaba de un juego, transportaba en su mente la imagen de carátula hasta conseguir el anhelado objeto, momento a partir del cual quedaba  anexionada a la experiencia de juego. En algunos casos incluso los gráficos del juego estaban inspirados en el grafismo de la carátula. Esto se manifestó de forma nítida en 1989, cuando Opera Soft desarrolló Mot, un juego basado en las peripecias de un personaje de Alfonso.

A la estela de Alfonso Azpiri, muchos colegas de profesión desembarcaron en la factura de portadas para videojuegos, pero ninguno llegó a ser ni tan prolijo ni tan representativo. Sin temor a equivocarse, se podría hacer una cronología exhaustiva del desarrollo de videojuegos en España a través de sus carátulas. Fue el pionero y mantuvo el liderato en ilustrar los mundos imaginarios de la incipiente industria del ocio interactivo español.

Aún hoy, las carátulas que adornan nuestros juegos están influenciadas, de una manera directa o indirecta, por su trabajo. Guardar una edición de gran parte de su obra en Spectrum: el arte para videojuegos de Azpiri es, sin duda, un deleite y una deuda indiscutible con su carrera.


Gonzo Suárez

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