9 FEBRERO 2010

13/07/2009
Cromosoma X, cromosoma Y

Sim Heyong es un niño, pero quiere tener pecho. No es que quiera ser mujer. Tampoco se considera un chico. Sim Heyong cree firmemente que es un andrógino, la criatura más perfecta de la creación según el misticismo clásico, una especie de poseedor de ese equilibrio celestial entre lo masculino y lo femenino. Aunque lo tiene difícil para que todos los demás le consideren algo más que un pervertido sexual.

La idea mitológica del andrógino ya la mencionó Platón, que hablaba de un ser primigenio que reunía en su cuerpo ambos sexos. Según el mito, Zeus castigó a estos seres lanzándoles un rayo que los partió en dos, y desde entonces el hombre y la mujer andan por la vida buscando su otra mitad perdida. Sim Heyong, en cambio, cree que él sí alberga en su interior la unión total y definitiva, por lo que puede llegar a alcanzar la perfección. Y eso, viniendo de alguien que tiene 16 años, vive en un love hotel y lleva preservativos y compresas en los bolsillos, puede ser un escándalo mayúsculo. En este caso, es una historia desternillante que los coreanos Kim Young-Bin (guión) y Kim Hun-Woo (dibujo) nos cuentan en los dos tomos de Virgin Boy. Ya tienes disponible el primero de ellos, con el que no te vas a poder contener la risa desde el momento en que pises el singular mundo de Sim Heyong…

En el instituto de bachillerato superior Daewon, los chicos y las chicas estudian por separado. Todos los chicos de la edad de Heyong están como locos por iniciarse en el sexo, y el hecho de que él viva en el “Palacio de los Sueños” les lleva a pensar que es un experto en la materia. Eso lo convierte en un personaje popular, aunque todos le señalen como “el raro” por su estrambótico comportamiento. Su entorno lo completan una hermana exuberante que le lee una novela erótica antes de ir a dormir y Song Ari, una alumna del instituto femenino. Con ella, Sim Heyong forma equipo para trabajar en su particular búsqueda del equilibrio. Él quiere potenciar su lado femenino, para que se manifiesten cuanto antes esos atributos que cree poseer. Ella lo que busca es reducirlos, para que la dejen de perseguir los pervertidos espontáneos, de los que siempre e irremediablemente se convierte en presa.

Con estas premisas, Virgin Boy no puede ser otra cosa que una barbaridad colosal, un manhwa para adultos de humor delirante, un lanzamiento que no puedes pasar por alto en tu librería habitual este mes de julio.


Merche Bermúdez

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