9 FEBRERO 2010

22/06/2009
Entrevista a José Villarrubia (parte 1 de 3)
Con motivo de la publicación en España de Batman: Condado de Gotham, publicamos una entrevista inédita con el colorista de la obra, el español José Villarrubia, realizada por David Fernández. Hoy, la primera parte de las tres que completarán la entrevista. Y además, como siempre, tenéis disponibles las cinco primeras páginas del cómic en la columna de la izquierda.


José Villarrubia (Madrid, 1961) ostenta una amplísima trayectoria profesional, no solo en el campo del cómic –donde se ha consolidado como uno de los más reputados coloristas contemporáneos– sino también en el de la pintura y la fotografía. Ávido lector de tebeos desde su infancia, y confeso admirador de Richard Corben y Moebius, entre otros, compagina diversos proyectos personales y tareas de docencia en el Instituto de Arte de Maryland, con el coloreado de numerosas series norteamericanas, habiendo colaborado con algunos de los más reputados profesionales del medio.   


Creciste en un ambiente familiar muy propicio para interesarte por todo tipo de expresión artística, pues tus padres están relacionados con el mundo de la pintura -a través de la Galería de Arte Momediano- y de la fotografía ¿Qué papel desempeñaron en tu formación y desarrollo artístico? 

José Villarrubia: Mi madre es fotógrafa y fue directora de la galería. Mi padre es publicista y su mejor amigo cuando yo era pequeño es un gran pintor e ilustrador que también hizo sus pinitos en el mundo del cómic, Ezequiel López

Por su puesto, haber crecido en este entorno fue fundamental para mi desarrollo artístico. Mi madre siempre nos fomentó todas las cosas culturales, el arte, la fotografía, la lectura… Cuando éramos pequeños, siempre tuvimos todo tipo de materiales de dibujo, pintura y trabajos manuales. A mí me gustaba muchísimo la papiroflexia y hasta tenía libros sobre el tema. Mi madre dejó el taller de cerámica donde trabajaba y a partir de tener niños, se dedicó más que nada a educarnos. De vez en cuando tomaba los pinceles y pintó algún óleo, e hizo también fotografía publicitaria, aunque no de una forma constante…. Pero la verdad es que crecí en una familia muy mediática. Recuerdo que nos gustaba muchísimo ver los anuncios de la tele, comprábamos absolutamente todas las revistas, y mi padre muchas veces iniciaba conversaciones con nosotros sobre distintas ideas para campañas, eslóganes, etc.

A la vez Ezequiel, aparte de ser un gran pintor, inicio en la época de La Trinca una adaptación en cómic de La divina comedia. Recuerdo ver sus páginas pintadas al guache y eran imponentes… Cuando La Trinca cerró, creo que Ezequiel abandonó el proyecto… Aunque no le gustaban los cómics de superhéroes como a mí, si le gustaban (Frank) Frazetta y (Richard) Corben. Me acuerdo de que una vez me explicó por qué la portada de Conan de Frazetta de Ladrones en la casa era algo especial. Me dijo: “Es porque tiene atmósfera”, lo cual, me explicó, no era una cosa técnica, sino mas bien una cualidad tan deseable como intangible…

Nos consta que no tardaste en sentir una especial atracción por el mundo del cómic, convirtiéndote en lector asiduo de los clásicos TBO, Mortadelo y Filemón, Astérix, Tintín, Lucky Luke, etc. Pero si tuvieras que destacar un solo tebeo como “culpable” de tu pasión por este medio, ¿cuál sería? ¿Por qué? 

José Villarrubia: Esta es una pegunta muy difícil, pues había muchos que me gustaban. De pequeño leía de todo, como todos los otros niños, pero ningún cómic me impactó en particular hasta la adolescencia. Te puedo señalar tres o cuatro que para mí fueron lecturas fundamentales que me marcaron completamente: 

- El Haxtur de Víctor de la Fuente fue y es un ejemplo insuperable del dominio de la técnica, el dibujo y la imaginación. Cada plancha es un bellísimo ejemplo de la obra de este maestro. Cada viñeta es incluso una obra de arte…. Aunque algunos capítulos, y en especial la conclusión, pecan a mi parecer de ingenuos, la realización, el espíritu y la intención son tan soberbios que aún lo releo de vez en cuando y me sigue fascinando. 

- Cuando apareció Bloodstar yo ya era un gran admirador de Richard Corben, especialmente de sus trabajos para Warren. Pero Bloodstar fue su primera obra maestra. Para mí sigue siendo un cómic perfecto, tanto de guión como de dibujo. Recuerdo haber leído un capitulo en un libro de Javier Coma sobre los cómics que confirmó mi opinión. Posteriormente averigüé que a Corben no le gusta Howard en particular, y los cambios que hizo en esta historia me parecen de lo más acertados. 

- Arzach fue y es un fenómeno único en la historia del cómic mundial. Recuerdo a Moebius describir el proceso que la creó como “escritura automática llevada a un nivel de alto perfeccionismo”. Es una autentica joya, tanto visualmente como narrativamente. El último capítulo, con esas yuxtaposiciones tan sorprendentes, indicaba unas posibilidades para el mundo del cómic, que, a mi parecer, no han sido explotadas. 

- Como colofón, me permito también añadir Yragael, en mi opinión la obra maestra de Phillipe Druillet. La versión mas lograda del Apocalipsis en cualquier medio, la concepción visual de este álbum es realmente magistral, a pesar de que en lo referente al dibujo creo que no está a la altura de los otros libros citados. Los textos escritos de DOM (no sé quién es en realidad) completan la obra de una manera genial. 

¿Qué supuso para ti, como lector y futuro artista, el “descubrimiento” del cómic comercial norteamericano? 

José Villarrubia:
Bueno, esto fue un proceso con varias etapas… De pequeño, entre otras cosas, leía los cómics traducidos de Editorial Novaro, como Sal y pimienta, La zorra y el cuervo, y también los de superhéroes, aunque las traducciones tan limitadas me ponían de los nervios. No fue hasta que empecé a leer las traducciones de Marvel de Editorial Vértice cuando me “enganché” a los superhéroes… y lo que me enganchó no fueron de por sí los dibujos (el trabajo del primer Kirby y sobre todo Ditko y Don Heck me parecían espantosos), sino más bien las historias, las conexiones entre los personajes y el hecho que compartieran un mismo “universo”.  

La cosa cambió cuando empezaron a aparecer las historias de Romita, John Buscema y en particular Neal Adams, que se convirtió, con mucho, en mi artista de superhéroes favorito. De hecho, como los cómics de Vértice no tenían créditos, mis hermanos y yo nos inventamos motes para poder diferenciarlos y Neal Adams era “el futurista”, pues su trabajo parecía siglos más allá del “torpón” de Kirby o del “horripilante” Ditko.  

La tercera fase de descubrimiento de los cómics americanos consistió en los underground, pero solo Crumb y Bode me gustaron de verdad. El resto me parecían muy toscos. 

Tras diferentes e infructuosos intentos de hacerte un hueco como dibujante de Marvel y DC durante tu adolescencia, retomaste tus estudios artísticos. Con la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, ¿entiendes que esta negativa inicial de las dos grandes editoriales norteamericanas ha resultado positiva para tu formación artística? 

José Villarrubia:
Pues nunca se sabe qué habría pasado si me hubieran aceptado entonces… Seguramente habría estudiado arte de todas maneras… Es algo que quería hacer y en lo que mis padres me apoyaban de pleno, así que habría aprendido mucho de lo mismo. Mi carrera artística habría sido distinta, pero en el fondo no creo que ni mejor ni peor, pues quién sabe si no habría dibujado cómics por una temporada y después los habría abandonado por la fotografía, la pintura u otros medios que siempre me han interesado… 

Como pintor, llegaste a realizar diversas exposiciones de tu trabajo, pero llegó un momento en que abandonaste la pintura con la intención de “encontrar quién eras artísticamente, en lugar de lo que se esperaba de ti”. ¿Fue muy duro este proceso? ¿Cuándo crees que encontraste tu verdadera personalidad artística? 

José Villarrubia:
No, no fue duro. Yo nunca he sido el tipo de artista que sufre por su arte o por su identidad artística. Para mí hacer cualquier tipo de arte siempre ha sido principalmente una gran fuente de placer. Yo nunca me identifiqué con los otros estudiantes de Bellas Artes que decían que “sufrían” si pasaban mucho tiempo sin pintar. Llegue a pensar que, de hecho, quizás yo no era artista, pues no tenía el más mínimo sentimiento de angustia… Fue descubrir el trabajo de David Hockney, tan polifacético y positivo, lo que me abrió los ojos a otra forma de hacer arte y me confirmó que se puede ser artista sin estar apegado a un solo medio y ser un sufridor perpetuo. Cuando pasé de la pintura a la fotografía artística, no descubrí mi verdadera personalidad artística, pues creo que, al menos en mí, eso es una cosa fluctuante. 

Ya centrado en el mundo de la fotografía, la realización de una serie de retoques y manipulación de negativos te animó a profundizar en lo que podríamos denominar, pese a lo difuso que resulta este concepto, “arte digital” ¿Era Dave McKean una influencia consciente? 

José Villarrubia:
Durante 10 años más o menos, realicé un trabajo fotográfico sin retoque. En cierto modo, el reto que me planteé fue el de capturar figuras fantásticas (ángeles, figuras mitológicas, etc.) sin recurrir a ningún recurso de retoque, lo cual me parecía más sencillo. No es que no admirase a fotógrafos que habían hecho pleno uso del retoque para conseguir los efectos deseados, como George Platt Lynes y sus imágenes mitóticas. Nunca fui un purista con respecto a la técnica digital. Pero, influenciado por los experimentos que David LaChapelle comenzó a hacer antes de usar Photoshop, cuando manipulaba los negativos, comencé a alterar las diapositivas y a pintar en ellas. Alguno de mis estudiantes estaba interesado en trabajar en el ordenador, y yo les ayude, pero el resultado en aquella época era aún muy rústico. No fue hasta que apareció El tarot de Vertigo, de McKean, que decidí que la técnica digital en general y el programa Photoshop en particular habían avanzado lo suficiente como para que valiera la pena aprenderlos.
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